Mnah es el nombre original y romántico de esta práctica, pero como utilizo cierto rigor científico directamente la bauticé hipnoterapia quiropráctica.
El procedimiento podría interpretarse como subjetivo, pero ese es un prejuicio característico de quien no comprende la mecánica psicotrónica. El trabajo que se realiza sobre el campo —o bioplasma— es quirúrgico si se observa la sesión en sí, aunque realmente lo que ocurre es un ajuste electromecánico literal en un plano paralelo, y aquí solo se ve la rectificación inductiva de la energía. Es como si estando en la montaña escucháramos el eco de un grito, solo escucharemos eso, pero eso es producto de que hay alguien gritando por allí. Una cosa es la fuente, y otra es la propagación de su efecto. Si modificas algo en la fuente, el efecto cambia.
Quiro significa origen, y la quiropraxia sería devolver las cosas a su lugar de forma manual. En este caso, lo manual refiere a una manipulación electromagnética, sin contacto físico, donde procedo a rectificar y reparar la funcionalidad del campo de energía, propiciando en cierta medida, auto escucha —hipnosis—, y el orden neurofuncional que desencadena aquellos procesos circunstanciales y progresivos por los cuales uno comienza a hacer conscientes cosas que antes no veía.
Como la psique es afectada desde lo paralelo, la terapia actúa sobre la codificación genética y la actividad paranormal invasiva, que afectan directa e indirectamente la funcionalidad del sistema nervioso central y sus comandos. Si bien estos movimientos son a nivel subconsciente, no trabajo sobre traumas o circunstancias específicas, sino sobre los campos bioeléctricos a nivel funcional, incluido la red neuronal. Para los casos de sistemas con intervenciones complejas —posesiones— también utilizo esta técnica, porque el principio es el mismo. Sé que tanto mi investigación como mi servicio suenan bastante fríos —y lo son— pero el amor nace del frío, luego se expande con calor —el fuego nace del agua, cómo una lógica elemental, la lógica de los tattwas—.
Entiende que la depresión, el enojo y la frustración, son estados de consciencia en los que no podemos dominar la forma en que la electricidad fluye en nosotros, y a consecuencia, el sistema nervioso central funciona por defecto, comprometiendo la funcionalidad bioenergética. Desde el punto de vista lógico, significa que la mente elije responder a estos impulsos eléctricos cerebrales y no a la consciencia, por lo tanto, se ve encarcelada, y lo experimentamos en la vida particular como situaciones repetitivas de las que no podemos salir.
En principio, la codificación genética es la que propicia esta falta de dominio, y luego se suma la sobre escritura de secuencias transgeneracionales de otras partidas de juego (árbol+reencarnaciones), provocando bloqueos energéticos que afectan la neurofuncionalidad, y se manifiestan en nuestra vida interna y externamente como infortunios, enfermedades y accidentes, porque como acostumbro a mencionar, nuestro campo neuronal y la realidad funcionan como un mismo programa.
Las cosas comienzan a cambiar cuando "decidimos" cesar de movernos por defecto para observar lentamente la forma en que recibimos la información. Ergo, entiéndase que si no dominamos los impulsos, algo más los controla por nosotros, y ese algo está programado para hacernos repetir los mismos caminos, generando resistencia al flujo emocional y sobre calentamiento. La emoción debería transitar sutilmente, no enquistarse intensamente. La frase "suelta el control" es inexacta, debería ser, "domina tu EGO soltando todo esfuerzo", y eso es un compromiso de amor consigo. Si quieres dominar tus respuestas cerebrales, lógicamente el dominio no vendrá desde el cerebro, el dominio lo ejercerás tú, desde más allá, porque el cerebro es solo una interface que responde a una replica de tus códigos fuente ¿Qué tan defectuosa está esa réplica?
Como menciono repetidas veces, más del noventa por ciento de las órdenes de nuestro cerebro son ejecutadas desde el subconsciente, por lo tanto, no hay plena autonomía neuromotora si no ingresamos a estados alterados de consciencia insistentemente y no aplicamos auto observación. En otras palabras, si nuestras neuronas no están creando nuevas conexiones, debemos forzar la ruptura de la neurosis, en post de esa gran sinapsis eléctrica conocida como hipnosis. Una forma de ayudar es el ayuno prolongado (ayuna/ayuda), para bajar los niveles de intoxicación que produce la alimentación, ya que la ingesta de alimento en general hace que el organismo genere anticuerpos, y eso en parte destruye la dimetiltriptamina (DMT), que es producto de la metabólisis de la hormona melatonina, generada en grandes cantidades por la pineal durante la verdadera hipnosis. Al mismo tiempo, el DMT se degrada en uno de los principales neurotransmisores, la serotonina (5HT), que reestablece la función dopaminérgica en dirección a la homeostasis, estimulando también la producción de aminoácidos esenciales, que según la ciencia convencional el humano no genera de forma endógena. Y reitero, la hipnosis de pulsión etérica es muy importante, porque si nuestra glándula pineal segrega grandes cantidades de melatonina, el alimento no será un obstáculo. No obstante, eso no da motivo para sostener una conducta alimenticia con alta intoxicación. Tenemos una tecnología asombrosa en nuestro interior. El humano que no tiene su glándula pineal óptima, o está calcificada, depende del triptófano en los alimentos para obtener serotonina, y eso no alcanza para lograr ni la homeostasis ni la activación de procesos neurofuncionales de consciencia. En tanto, bajo esas condiciones de atrofia, los procesos de síntesis son torpes, haciendo de la nutrición alimenticia una verdad mentirosa.
Entendido esto, los traumas en sí y la incapacidad de gestionar emociones son solo consecuencias de la verdadera causa de toda patología, "la incomunicación con nuestro código fuente", un contexto que el humano sufre desde el instante en que aparece en este simulador, conocido como tierra, inhibiendo así la correcta dinámica para procesar la información, y sosteniendo una actividad cerebral muy mecánica, con neurofuncionalidad poco plástica.
La incomunicación nos lleva al desbalance de la dualidad energética, entendiendo al desbalance como a la falta de orden, o equilibrio, y de sinergia, o estabilidad. En el aspecto biológico, podemos aplicar este balance a la relación enfermedad-hambre. Por ejemplo, la adicción al alimento causa enfermedad, pero durante el ayuno prolongado el sistema comienza a recuperarse. Entonces, comprender que mientras más comemos más nos intoxicamos, nos va a llevar a ordenarnos, a equilibrarnos para actuar mejor. Comprender que la enfermedad es recalentamiento y el hambre es enfriamiento, nos va a llevar a movernos de forma estable, en sinergia fluctuando sutilmente entre estos dos extremos. Los parásitos patógenos no sobreviven en un ecosistema homeostático, necesitan del desbalance. En cuanto a las hydras energéticas (demonios psiquicos), es más complejo, porque podemos eliminarlas con máquinas escalares, pero volverán a regenerarse sino cambiamos la neurofuncionalidad con prácticas endógenas.
Está muy bien enfocarse en solucionar cuestiones particulares que ameritan atención, como ser una enfermedad, pero mejor aún si lo hacemos bifocal, observando principalmente en lo paralelo, en lo que no se ve, porque desde allí se comprende cómo reparar lo que aquí se manifiesta. Solo entrenando el enfoque podemos ver desde donde se ejecuta la falla que se proyecta en lo particular. Si detectas el trauma, ve más allá, no te quedes allí, observa el patrón mental genérico, no solo el de tu vida.
Quiero dejar claro que, los defectos de los cuales hablo en reiteradas oportunidades habilitan mecanismos o agentes que podemos interpretar como sistemas paranormales externos que se adhieren a nuestro bioplasma (campo energético) por inducción, y eso respeta un principio ya demostrado por Luc Motagnier y Faraday, no es creencia o delirio cósmico. El bioplasma es como un campo magnético tradicional pero con algunas cualidades físicas distintas, que solo tenemos los seres vivos. A los agentes mencionados los considero virales porque son ejecutados por programas que roban energía eléctrica alterando la funcionalidad biológica. Así es que las ciencias convencionales no tienen en cuenta la física extrasensorial y la parapsicología, bien explicadas por la psicotrónica. Todo el detalle solo lo comparto en contexto de enseñanza de forma progresiva y empírica, de lo contrario es información imposible de gestionar.
Quédate atenta/o, porque pronto publicaré en editorial mi manifiesto, como un ensayo epistemológico clínico bastante disruptivo.